Unos de los mutualismos más sorprendentes de la naturaleza, es el de la polinización. Así es, la mayoría de las flores polinizadas ofrecen néctar o polen como recompensa a sus visitantes y obteniendo ellas una mayor diversidad genética además de una mayor calidad de los frutos.
Contribuye directamente a la conservación de especies amenazadas (tanto animales como vegetales) y a la diversidad biológica. De este modo se garantiza la renovación y mantenimiento de la cubierta vegetal, reduciendo el riesgo de erosión, recuperando las zonas degradadas por incendios, desertización, etc.
Las conclusiones de los estudios de las ultimas décadas nos alertan de la tendencia creciente a la desaparición de los polinizadores y de las graves consecuencias que su déficit provoca. La causa principal de este critico descenso se puede atribuir, directa o indirectamente a la especie humana. La aplicación de insecticidas de uso agrícola, las incesantes transformaciones de terrenos forestales en agrícolas y la urbanización intensiva, provoca la destrucción continua del hábitat natural de los polinizadores.
Muchos de los polizadores anidan en el suelo, bien para reproducirse o para hibernar, y todas las operaciones que implican el movimiento del suelo eliminan inevitablemente una gran cantidad de individuos.
Si se reduce las zonas de flora autóctona, también lo hacen las fuentes de polen y néctar, que son la base de la dieta de la mayoría de los polinizadores. Los incendios repetidos, la sequía prolongada y la perdida de suelo a causa de las lluvias torrenciales, han acelerado el proceso de desertización de la tierra.
Las colonias de la abeja melífera se encuentran casi exclusivamente en las colmenas que mantenemos los apicultores, por lo tanto, la abundancia de este importante polinizador va ligado a la cabaña apícola existente en cada zona. Es por tanto, absolutamente necesario garantizar una cabaña apícola suficiente para cubrir la demanda en la polinización tanto de cultivos como de ecosistemas.
Los esfuerzos por cuantificar el valor de la polinización realizada por las abejas han dado sus frutos en el caso de la producción agraria, pero es mas difícil establecer un precio para la labor de las abejas en el medio natural.
La apicultura es imprescindible para nuestro medio ambiente y aunque los productos apícolas puedan importarse de otros países la polinización de nuestros ecosistemas no. Es por todo esto que la polinización es el producto más valioso con que nos recompensan las abejas.
Si la abeja desapareciera de la faz de la tierra, la humanidad tendría sus días contados.